Nació en la ciudad de Santo Domingo el 13 de enero de 1834. Murió en San Juan de Puerto Rico el 13 de diciembre de 1910.
Manuel de Jesús Galván es el más castizo de los escritores dominicanos del siglo XIX. Le acompañan Antonio del Monte y Tejada, quien, a juicio de Pedro Henríquez Ureña, “escribió en prosa magistral una Historia de Santo Domingo; esfuerzo grande para su época, pobre en fuentes. Cuando deje de leerse como historia, podrá leerse como literatura”, y don Emiliano Tejera, autor del Monumento a Duarte, escrito en 1894; pero aún así, Galván sigue siendo uno de los exponentes más representativos de la prosa dominicana.
Galván es, realmente, autor de un solo libro, la novela de factura indigenista Enriquilo, aunque recientemente se hayan publicado algunos escritos suyos menores. En esto coincide con Tomás Moro y John Milton, autores también de libros únicos.
Cierto es que la novela Enriquillo, de Manuel de Jesús Galván, es la obra más apreciada y difundida de la literatura dominicana. A ella se han referido con encomio personajes tan relevantes como José Martí y Pedro Henríquez Ureña.
En su Reseña de la historia cultural y literaria de la República Dominicana, Pedro Henríquez Ureña estima que “españoles e indios aribaron a la paz y se entregaron a la fe y a la esperanza”.
Por su parte la notable ensayista puertoriqueña Concha Meléndez, en su monografía La novela indianista hispanoamericana (1832-1889), expresa que ningún país hispanoamericano ofrece una tradición de literatura indianista más estimada que Santo Domingo. Tradición crítica iniciada por Las Casas, que alcanza vértice y final al mismo tiempo en la novela Enriquilo. Para ella, “la novela Enriquillo debe tener para los hispanoamericanos un interés profundo. Leyéndola asistimos al primer centro de trasplante a la cultura española de América”.
Al crítico avezado le resultará extraño el hecho de que en una isla del Caribe, donde la tradición indígena, real y efectivamente, se extinguió en la primera mitad del siglo XVI, se haya producido con tanta autenticidad la reminiscencia indigenista, en dos escritores dominicanos del más alto nivel: el poeta José Joaquín Pérez y el prosista Manuel de Jesús Galván, marcados por el delirio romántico en las Fantasías indígenas y Enriquillo, fenómeno que se explica solo si lo asociamos a la tendencia hispanista que subyace en las entrañas mismas de la cultura dominicana.
Manuel de Jesús Galván fue un digno ejemplo de esa persistente realidad.
Conocida es la actitud asumida por Galván durante la Anexión a España en 1861. Fue secretario particular de Pedro Santana y durante el período de la dominación fundó y dirigió La Razón, en cuyas páginas plasmó su pensamiento acerca del conflicto domínico-español a tales extremos que cuando España sale de Santo Domingo en 1865, Galván sale también. Fue compensado con la intendencia de hacienda de Puerto Rico. En 1876 el gobierno de Ulises Francisco Espailat lo designó Ministro de Relaciones Exteriores, cargo que desempeñó también durante la administración de Cesáreo Guillermo en 1879, durante la cuarta administración de Ulises Heureaux, en 1898, y lo fue nuevamente en la segunda administración de Alejandro Wos y Gil, en 1903. Interinamente fue titular de las carteras de Interior y Policía, en 1876, y de Justicia e Instrucción Pública, en 1879.
Fue, además, en 1859, secretario de la misión diplomática presidida por Felipe Dávila Fernández de Castro, destinada a zanjar un diferencia con Dinamarca. En 1884 fue Enviado Extraordinario, y Ministro Plenipotenciario en 1891-1892.
Otros servicios que prestó al Estado dominicano fueron: Vicepresidente de la Cámara Legislativa que dictó la revisión constitucional de 1878 y Presidente dela Suprema Corte de Justicia entre 1883 y 1889. Fue,igualmente, profesor de Derecho en el Instituto Profesional de Santo Domingo. Además de su extensa hoja de servicios como funcionario público, se destacó como periodista desde sus años mozos a través del semanario El Oasis, fundado junto a Manuel de Jesús Heredia en 1855. Allí dejó su impronta de articulista y poeta satírico, con marcado desprecio por el quehacer político que en su madurez ejerció con gran intensidad.
El Galván de El Oasis y de la Sociedad Amantes de las Letras, no es el mismo que funda La Razón en 1862. En su primera etapa comparte ideales éticos y espirituales que se empeñan un tanto en la seguridad si exceptuamos la aparición de su novela Enriquillo, en la que su autor recrea las abundantes noticias que nos legaron los Cronistas de Indias, especialmente el infatigable fray Bartolomé de las Casas.
De la novela Enriquillo se han realizado decenas de ediciones en diferentes países; además, ha sido traducida al inglés y al francés.
Fuente: Fundación Coripio, Inc.
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