La violencia ha sacudido la capital del Tíbet tras días de tensión en los que se han sucedido las mayores protestas y marchas contra China de las últimas dos décadas. Pekín había desplegado a sus tropas para controlar el levantamiento popular, liderado por unos 500 monjes, pero no ha sido suficiente para detener a las decenas de personas que han quemado varias tiendas y han provocado importantes desperfectos en Lhasa, capital tibetana.
Varias personas han resultado heridas y han sido hospitalizadas como resultado de los actos de violencia en el centro de la ciudad, según ha informado la agencia oficial, Xinhua. Además, diversos establecimientos y vehículos alrededor del templo de Jokhang, el monasterio de Ramogia y el mercado de Chomsigkang han sido pasto de las llamas. Mientras tanto, las autoridades chinas todavía no han comunicado si han podido reprimir por completo todos los actos violentos.
Entre tanto, la Embajada estadounidense ha enviado un correo electrónico a sus ciudadanos en Lhasa en los que les pide que abandonen inmediatamente la ciudad. La Embajada emitió la advertencia después de que turistas estadounidenses informaran de tiroteos en las calles de la capital.
A primera hora de hoy, las tropas chinas habían acordonado los tres principales monasterios budistas de Lhasa. Según ha informado a través de un comunicado la organización pro tibetana, Campaña Internacional por el Tíbet, con sede en Washington, “los tres monasterios de la capital están cerrados a los turistas en una atmósfera de miedo y tensión”.
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